miércoles, mayo 17, 2017

CAMBIOS

y gerundios

Será que son estas fechas.
            Será que es el segundo tercio de Mayo.
            Será que, en la madrugada, frente al teclado, voy hilando la forma en que, después de todos estos años, permanecemos de la única forma posible; cambiando... Así, en gerundio.
            Será que seguimos y somos nosotros, de la forma que aprendimos a cambiarnos, para permanecer coherentes, para seguir cambiando el mundo...

Será el lugar común.
            Será que las palabras no alcanzan a describir el vacío... No, ni siquiera después de tantos años... Será por eso que vamos llenándonos de nosotros y seguimos cambiándonos, es decir; caminando juntos.
            Será, como dice el verso, que seguimos siendo nosotros, los de entonces; juntos... Cambiándonos para seguir siendo los mismos.

Y será, entonces, que este camino que andamos y la forma en que lo caminamos, es todo lo que de usted somos, madre.
            Porque somos usted... Seguimos siendo la forma en que nos enseñó a cambiarnos y a cambiar el mañana... No somos su recuerdo, madre, porque sigue aquí, en nosotros, en el camino que andamos y la forma en que lo caminamos... No en recuerdo, sino en presente, siempre en presente, madre… Y en la forma que construimos el futuro.
            Y porque sigue en nosotros, madre, seguimos aquí, juntos, cambiándonos para ser los mismos; caminando.

In Memorian
María Teresa Cuéllar Salinas
Mi madre
A seis años de su partida.


Mario Stalin Rodríguez

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jueves, mayo 11, 2017

Mala Temporada

Pues eso, que no estoy pasando por el periodo más fácil de los últimos tiempos, así que por hoy...
Ya la próxima semana, espero, retomaremos estos.

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miércoles, mayo 03, 2017

Indignos e Indignadas

AUTOCRÍTICA


No soy mucho de repartir o lucir credenciales, supongo que las ideas y acciones colocan a cada quién en su justo sitio. Será por eso que, en general, no me preocupa demasiado si, en tanto varón heterosexual, pueda o no ser feminista o simplemente considerado como aliado (perdóneseme el uso de la cursivas).
            No se me malinterprete; no hay aquí un baño de pureza hipócrita. Por supuesto hubo un tiempo en que la artificial discusión me parecía trascendente... Como lo hubo en el que suscribí, creía yo, con argumentos, la imbecilada de “ni machismo ni feminismo, igualitarismo”... Es decir, en su momento y porque todos hemos sido idiotas en alguna circunstancia, habría sido capaz de llamara “feminazis” a ciertos colectivos, si en aquel entonces el término hubiera estado tan de moda entre los idiotas como ahora.
            Sí, hace tiempo fui un imbécil machista... Aunque, seguramente, jamás habría usado esa palabra para describirme; al igual que muchos habría preferido “igualitarista” o “humanista”...
            Y sí, en aquel entonces como ahora, sabía que en este contexto ambos términos significan lo mismo; machista... Pero no lo habría admitido, porque era un idiota.

No, no sé el cómo llamarme ahora, el hacerlo se lo dejo a quienes reparten carnets y etiquetas. Me conformo con ser consciente de que fui un idiota e intentar dejar de serlo... Finalmente, es sólo nuestra capacidad de autocrítica y autodeconstrucción lo que nos permite construirnos y reconstruirnos como actores sociales.
            Y de autocrítica y autorreconstrucciones se trata todo esto.
            El primer paso es, por supuesto, darse cuenta de que uno ha sido o está siendo un idiota... Y acercarse a todo aquello que nos permita dejar de serlo.
            Supongo y perdóneseme el banal símil, que es un poco como aprender matemáticas o cualquier otro conocimiento útil en la vida... Si descubres que eres malo para el cálculo, el álgebra y la aritmética, tienes dos opciones; alejarte de todo ello y tratar de justificar que, en realidad, nada de esto es importante para el día a día... O bien estudiar hasta que aprendes las reglas de funcionamiento de todo ello y descubres como mejoran la forma en que te enfrentas al mundo.
            Algo así fue mi acercamiento a los feminismos...

Por supuesto no se trató de una súbita inspiración celestial.
            Fue, más bien, que descubrí lo que el machismo descarado y actitudes como mi, en aquel entonces, machismo enmascarado, le hacían a mujeres cercanas... Y me vi obligado a replantearme.
            Y lo primero que uno descubre al acercarse al feminismo es que no hay un único feminismo ni, por supuesto, una única forma de entenderlo... Hay feminismos, muchos, cada uno construyéndose, criticándose y reconstruyéndose desde el interior y en su relación con otros feminismos...
            Y, conforme uno va dejando de ser idiota, va descubriendo el cómo insertarse en todo este complejo panorama y cuál puede ser su papel en ello... Y no, por supuesto, éste último no puede ser el explicarle a los feminismos el cómo deberían ser.
            No se trata, claro, de que los varones deban quedar fuera del debate interno de los feminismos, o que no puedan tener una opinión (ni expresarla) sobre las formas y prácticas de estos... Es sólo el entender que los varones no somos el objeto de los feminismos y que, por ende, no podemos (ni debemos) buscar protagonizar ni la lucha ni el análisis de estos movimientos.
            Conforme uno va dejando de ser idiota, va dándose cuenta de que el papel de los varones heterosexuales en los feminismos es, básicamente, el hacer la autocrítica y darse cuenta de qué tan idiotas han sido y pueden seguir siendo.
            Sí, porque conforme uno va dejando de ser idiota, debería ser capaz de darse cuenta de cuáles de sus prácticas cotidianas son formas de seguir siendo idiota, así sea inconscientemente...
            Y señalar, por supuesto, cuando alguien más está siendo un idiota...

Mario Stalin Rodríguez

Este texto surge de un "intercambio" que he mantenido más allá de lo sano en el librocara. "Intercambio" que se ha caracterizado, principalmente, por la necia sordera de mi "interlocutor" a todo aquello que contradiga desde la realidad sus prejuicios... Y, dado que los "argumentos" que él ha enarbolado son muy similares a algunos de los que yo podría haber usado cuando era un idiota y puesto que una de sus reiteradas "peticiones" tiene que ver con "autocríticas desde el feminismo"...
Pues eso, por ser estas fechas tan cercanas a cierta fecha, ensayo este acercamiento a mi autobiografía no autorizada...

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domingo, abril 30, 2017

TRAMPA

Ella coloca sus manos y rodillas sobre el colchón.
            Él, inseguro, le acerca el sexo a la cara. Ella sonríe y, primero sólo lo roza con los labios, después con la lengua, hasta que finalmente lo introduce por completo en la boca, mientras siente como unos labios masculinos empiezan a besar su sexo.
            El otro hombre lleva su boca hasta el ano femenino. Lo besa y humedece penetrándolo con su lengua... Ella, con el sexo de él en la boca, emite un ligero gemido. Él la observa, primero el vaivén de la cabeza de pelo corto, la espalada ligeramente arqueada y, finalmente, el rostro masculino que la besa entre los glúteos.
            De pronto las miradas masculinas se encuentran; el otro hombre le sonríe mientras introduce primero un dedo y, después, dos en el ano de ella.

Cree que le tomó tiempo convencerla.
            La primera vez que surgió el tema fue en su segundo aniversario y ella, por supuesto, se negó rotundamente. Él no insistió más... Aunque, conforme el tiempo pasaba, de vez en cuando lo mencionaba a manera de broma, como burlándose de sí mismo y sus peticiones.
            Pero, cree él, cada que lo mencionaba podía adivinar un vestigio de curiosidad en los ojos de ella... Una pequeña chispa que crecía un poco más cada vez.

Se tumba en el borde la cama, mientras ella le monta erguida, a sus espaladas, ve como el hombre la besa en el cuello, los hombros, en el vello de las axilas... La toma por la cintura y siente como la punta de su sexo roza, ligeramente, el suyo propio que entra y sale de ella, antes de penetrarla él también por el ano.
            Por alguna razón, este tacto incidental y efímero, le estremece...

Fue hace unas semanas, durante su quinto aniversario.
            Después del sexo ella preguntó qué quería de regalo. Él, bromeando, le contestó que era consciente de que ella nunca aceptaría lo que él deseaba, así que mejor no lo pedía... Ella se quedó callada un momento y, mirándolo seriamente, dijo que bien; ¿qué prefería, un amigo o una amiga?

Eyacula dentro de ella, él otro hombre hace lo propio muy poco después... Ella se estremece al sentir los dos torrentes en su interior y llega, así, también al clímax.
            Lo hace incorporarse... Él se sorprende un poco al ver su propio sexo aún erecto y sentir el deseo de seguir. De un tiempo para acá era común sentir demasiado cansancio justo después de eyacular.
            Ella se coloca a sus espaldas y empieza a besarlo, primero en el cuello y descendiendo por su espalada, hasta llegar a sus glúteos y su ano...
            Él se estremece y quiere apretar los glúteos ante el inesperado tacto. Ella sigue besándolo mientras le pide estar tranquilo... El otro hombre se tumba en el suelo entre los píes de ambos, penetrando el sexo de la mujer mientras mira como el de él va creciendo cada vez más, conforme la lengua femenina entra en su ano.

Le tomó algunos días decidir quién sería su acompañante.
            Primero pensó en nombres femeninos o, incluso, en contratar a una prostituta... Pero, juzgando sus propias fuerzas, concluyó que tal vez no sería la mejor idea.
            Cuando le preguntó a ella sobre la posibilidad de que la compañía fuera masculina, ella pareció decepcionarse, pero juraría haber visto una chispa de anhelo en su mirada y una pizca de duda en su negativa.
            Consideró que no la doble penetración no sería extraña para ella. Finalmente, aunque él nunca había estado interesado en el sexo anal, era práctica común que ella jugara con un dildo en su ano mientras él penetraba su sexo.
            Si ella había accedido finalmente a su descabellada solicitud, ponderó; lo menos que podía hacer él era asegurarse de que ambos lo disfrutaran.

El hombre lo toma por los tobillos, mientras ella sigue besándolo en el ano.
            Lentamente el hombre va subiendo sus manos, acariciando las piernas masculinas hasta que, finalmente, toma el sexo y empieza a masturbarlo... Al mismo tiempo, ella empieza a acariciar el contorno de su ano con la punta de un dedo y penetrándolo con la lengua.
            Siente como ella introduce su dedo en él y, sorprendido, encuentra un gran placer en ello... Tanto que eyacula por segunda vez, bañando las manos y  el rostro del otro hombre con su semen, quien a su vez eyacula en el interior del sexo de ella, haciéndola llegar también al clímax.

No era precisamente el más íntimo de sus amigos. Tampoco un mero conocido, más bien una amistad mutua que, juraría él, de vez en cuando coqueteaba con ella sin demasiado encanto...
            A él no le molestaba que otros hombres coquetearan con ella, como a ella no le molestaba cuando alguien lo hacía con él. Finalmente, llevaban tiempo como pareja y bastante más como amigos; se conocían bien y confiaban el uno en el otro.
            No fue sencillo invitarlo. De hecho, les llevó más de dos o tres intentos...
            Sobra decir que el hombre se sorprendió y, en un primer momento, se negó... Pero, unos días después, lo abordó a la salida del trabajo y, apenado, preguntó si la oferta seguía en píe.

Tumbados los tres en la cama, se sorprende con el pene del hombre en la boca, mientras ella tiene el de él en la suya y su sexo en la del hombre.
            Más se sorprende al descubrir que el sabor no le desagrada; es una curiosa combinación del de su propio semen, el del sexo de ella y partes desconocidas... Lo toma con su mano y empieza a lamerlo, introduciéndolo entre sus labios cada vez con mayor velocidad.
            Un torrente de semen le baña el rostro y esto, más que los labio de la mujer, lo llena de placer... Ella, sintiendo como el pene crece en su propia boca, aprovecha la ocasión para volver a penetrarlo, ahora con dos dedos, lo que provoca que él eyacule por tercera vez en el interior de su boca.
            Ella traga la semilla ya casi líquida, mientras la lengua del hombre la hace llegar al tercer clímax...

El resto fue asunto de ponerse de acuerdo en el día, la hora y el lugar.
            No era fácil hacerlo en persona, se les dificultaba mirarse a los ojos entre ellos y con el hombre y éste a ellos. Al final decidieron organizarlo todo por mensajes a los teléfonos... Hasta que concretaron una cita en un motel.

La besa en la boca y prueba el sabor de su propia semilla y el ya familiar del sexo del hombre.
            Tumbado sobre la cama, el otro hombre besa el ano de la mujer mientras le penetra el sexo con los dedos... Incitado por ella, él, lentamente, va sentándose, dejando que el miembro erecto penetre entre sus glúteos.
            Ella baja de la cama y aparta su entrepierna del rostro del hombre. Mientras sigue besándola en los labios, ella va conduciendo su cara hasta la del hombre... Hasta que sus miradas se encuentran de frente a escasos milímetros.
            La turbación de ambos dura poco, sólo hasta que ella, con un ligero empujón, hace que los labios masculinos se encuentren entre sí.
            Ella se aparta y, viendo a los hombres fundidos en un apasionado beso, sonríe para sí misma...

Le tomó tiempo, demasiado tiempo, preparar la trampa.
            Sabía que si la idea pareciera suya, él nunca habría aceptado. Por eso preparó todo a través de los meses y años, manipulándolo con una palabra por aquí, una idea por allá y una que otra sugerencia velada... Hasta que, finalmente, la red se cerró.
            Cuando despierten a la mañana siguiente y no la encuentren, tal vez se preocupen... Él seguramente lo hará, pero confía en que encontrará consuelo en su hoy descubierta preferencia.
            Y ella... Para cuando despierten ella ya habrá volando a otros cielos...

Mario Stalin Rodríguez.

Y ya está... Con esto cerramos la Semana del Porno 2017; siete días de actualizaciones diarias, que fue mi manera de hacer 10 planas de "no debo olvidar la Semana del Porno"... El próximo año la celebraremos, espero, en la Semana Santa, como debe ser.

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sábado, abril 29, 2017

ROLES

En verdad odia quedarse hasta tarde a calificar exámenes.
            Mientras repasa las respuestas, casi siempre erróneas o, en el mejor de los casos, incompletas, va pensando en descansar en casa... También recuerda que, de un tiempo para acá, la cosa no ha estado bien en el hogar.
            No es que haya problemas grandes, es sólo que la rutina se ha ido imponiendo en su matrimonio... La monotonía ha invadido no sólo las actividades del día a día, sobre todo ha invadido el sexo, que pareciera hacerse sólo por compromiso...
            De pronto escucha un carraspeo...

Se sorprende al verla en la tercera fila de pupitres, enfundada en un uniforme tal vez demasiado pequeño, su cabello rubio sostenido por dos pasadores demasiado cursis y las gafas medio caídas.
            Empieza a decir algo, pero ella le interrumpe preguntando sobre sus notas y el resultado del examen que califica... Confundido, empieza a negar... Y ella vuelve a interrumpirle con un gemido de queja; entonces, afirma más que preguntar, así de mal le fue.
            Extrae algo del bolsillo de la camisa que mantiene oculto en la mano... Sonriendo empieza a desabotonar su camisa, mostrando sus pequeños senos sin sostén... Eleva una de sus piernas hasta el borde del asiento, las infantiles pantaletas se enrollan en su tobillo...

Él se queda sin palabras, mientras ella se incorpora y camina hacia el escritorio. Mientras va avanzando se va despojando del uniforme, dejando la ropa tirada en el trayecto. Para cuando llega junto al hombre, sólo lleva los calcetines.
            Él diría algo, pero la visión del pubis sin vello lo enmudece...
            Ella se pone en cuclillas frente a él y dice algo sobre un trabajo para conseguir créditos extras... Le desabrocha el pantalón y deja salir el pene ya erecto. Mientras lo lleva a su boca, abre la mano para mostrar los dos sobres de condones que ocultaba.
            Incapaz de controlarse, él eyacula pronto... Ella deja que la semilla le bañe los pequeños senos. Se incorpora para besarle, embarrando el saco y la camisa del hombre con su propio semen.
            La toma de los hombros para apartarla y la tumba sobre el escritorio... Todas sus preguntas se han perdido en la niebla del deseo. Se desnuda y coloca un condón, mientras ella lo observa risueña, sin decir ni una palabra.

La penetra de píe con los pantalones en los tobillos.
            Desde el filo del escritorio, ella mueve sus caderas y lleva sus píes a los hombros de él. Entre gemidos y risas contenidas, dice algo sobre merecer, al menos, un nueve.
            Cuando siente que él está punto de llegar al clímax, se mueve para obligarle a salir... Con las manos le quita el condón y lo presiona entre sus muslos, moviéndolos, provocando que eyacule sobre su abdomen.
            Se incorpora y, con más sugerencia que fuerza, lo empuja hacia la silla acolchonada. Abre el segundo sobre y, antes de que el pene pierda su erección, se lo coloca y se monta sobre él.
            El besa sus senos, probando el sabor de su propia semilla. Lleva sus manos hasta los glúteos de ella, los presiona y, con sus dedos, busca el ano… Ella, entre besos, le pide que no. Él obedece y lleva sus manos a la cintura de ella.
            Llegan juntos al clímax, él eyacula en el condón dentro de ella... Sí, dice ella; esto bien vale un nueve cinco.

Desnudo, con los pantalones en los tobillos, exhausto, sentado ante su escritorio y con los exámenes que había estado calificado revueltos sobre éste o tirados en el suelo junto a los condones usados, la ve salir del salón desnuda; el uniforme que vestía aún se encuentra entre los pupitres.
            De un casillero del pasillo, ella saca una muda de ropa interior recatada, una camisa de vestir y un traje sastre que le da un aire estricto. Mientras se retira los pasadores del cabello y se lo acomoda.
            Mientras entra en su despacho de directora de la escuela, sonríe...


Mario Stalin Rodríguez

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jueves, abril 27, 2017

COMUNIÓN

Los dioses sobrevivieron.
            El extranjero de la cruz llegó con su metal, su pólvora y sus enfermedades... El extranjero de la cruz persiguió a sus fieles hasta casi exterminarlos. Impuso su fe a sangre y fuego... Y los dioses sobrevivieron.
            Fueron escondidos en los templos del extranjero de la cruz. Mudaron sus pieles y nombres... Se alimentaron, escondidos, en los rituales del extranjero de la cruz.
            Los dioses sobrevivieron... Y aún necesitan de la devoción de los mortales.

La joven novicia, en realidad, no está demasiado convencida de su convicción.
            En las noches, insomne, alimenta sus dudas mientras pasea por el templo solitario. Mira al mártir de la cruz y ningún sentimiento sublime se le despierta; no siente el amor ni la gracia divina descendiendo sobre ella... Es simplemente un pedazo de sadismos que la mira con ojos vacíos.
            No así la virgen morena... Mira la imagen y despiertan en ella sentimientos sublimes, aunque, probablemente, no de la forma en que la madre superiora le ha dicho que deben ser los sentimientos sublimes.
            La virgen no le inflama el corazón de pasión pía... Algo se inflama en ella, sí y, por supuesto, lo hace con pasión... Pero no es en el corazón, sino algo más abajo; entre sus piernas...

Sí, los dioses sobrevivieron... Y esta noche la diosa que se esconde en el manto de estrellas busca alimento.

Tal vez es su imaginación. De pronto, la novicia ve como la imagen de la virgen morena le sonríe.
            Extrañada por su falta de miedo, se acerca a ella y, para su sorpresa, no siente el frío pétreo que esperaba, sino el calor de una piel tersa... Una mano cálida le acaricia la mejilla y la hace voltear hacia arriba; unos ojos brillantes le miran y una cara morena le sonríe.
            Bajando de su nicho, la virgen toma el rostro de la novicia entre sus manos y la atrae hacia sí. Los labios de la santa saben dulces y salados, las lenguas se encuentran...
            La novicia siente más que ver, cómo el vestido estampado de la virgen cae a sus píes, revelando el cuerpo desnudo y la piel tersa... Va besando primero el cuello, la clavícula, el plexo solar, los senos de la santa. Sigue por el abdomen y, finalmente, se encuentra con el vello púbico.
            Se pierde en el aroma y el sabor del sexo de la virgen.
            Mientras prueba la humedad, una mano palpa un seno y, con la otra, levanta la falda de su hábito y, con sus dedos, entra en sí misma.
            Mientras besa el sexo y juega con su mano, siente como llegan, juntas, al primer clímax... Otro sabor y otra humedad le llegan a la boca desde el sexo de la virgen; haciendo aumentar su deseo.
            Se despoja de sus hábitos.
            En mutuo entendimiento, se tumban sobre el suelo del templo, envueltas en abrazos y besos... La novicia siente como los dedos de la virgen la penetran y corresponde... Así abrazadas llegan al segundo clímax.

Exhausta, la novicia se tumba sobre el velo estrellado de la virgen, mientras está va besando su cuello, su espalda, sus glúteos... Siente como le abre la piernas empieza a beber de su sexo.
            Mientras besa y prueba el sabor con la lengua, la penetra con los dedos, lo mismo en el sexo que en el ano... La novicia arquea las caderas y, con sus manos, juega con sus senos... Grita el nombre de la virgen cuando llega al tercer y más intenso clímax...

Sí, los dioses sobrevivieron... Y aún se alimentan de la devoción de los mortales.


Mario Stalin Rodríguez

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miércoles, abril 26, 2017

SAPIOFILIA

El tacto le resulta extraño; sus apéndices van recorriendo la tersa exodermis de la criatura y, para su sorpresa, se encuentra disfrutándolo...
            De acuerdo a lo que siente, la especie de la criatura debió tener, hace mucho tiempo, el cuerpo cubierto por un fino vello. En la actualidad son lampiños, pero conservan poros capilares vestigiales en algunas zonas del cuerpo, sobre todo alrededor de los órganos genitales.
            Conoce la anatomía de la criatura perfectamente, los suyos llevan mucho tiempo estudiando a la especie... Recorre a lo largo de las vértebras torácicas, hasta las lumbares... Lo hace una y otra vez, el concepto de cuerpos óseos le resulta tan extraño como fascinante.
            Finalmente, el apéndice llega hasta la el tejido adiposo... Localiza el centro y empieza a penetrar con gentileza... La criatura emite un sonido de negación, pero el tono no parece corresponder al sentido.
            A eso se le dificulta interpretar el lenguaje oral... Entre los suyos la comunicación es táctil, aprovechando la capacidad de modificar la textura de su exodermis y las glándulas excretoras de hormonas... Tal vez no interpretó bien los deseos de la criatura, así que empieza a retirar su apéndice, pero ella le detiene con su apéndice prensil...
            Lentamente, subiendo a través de la parte superior de los apéndices de apoyo de la criatura, otro apéndice hidrostático llega hasta el órgano sexual... Y penetra.

Todo empezó cuando el artefacto se estrelló contra su planeta.
            Tardaron mucho en lograr interpretar el mensaje contenido en el disco de metal que acompañaba, sobre todo porque los conceptos les resultaban extraños... Sólo el reconocimiento de los patrones de sonido les permitió empezar a descifrar aquello.
            No era la primera vez que se encontraban con especies autoconscientes, de hecho, experiencias anteriores los habían vuelto desconfiados... pero algo en la aparente fragilidad de estas criaturas despertó su curiosidad, así que emprendieron el viaje para encontrarles.

Nunca esperó encontrarse a sí misma en esta situación.
            El contacto con los “calamares” había sido violento... No por parte de aquellas cosas, por supuesto; sólo habían aparecido ante la colonia espacial, emitiendo música...
            De hecho, eso era un prisionero... Y ella la encargada de intentar comprender a su especie... Pronto le fue evidente que la “música” que emitía no era su “idioma” natural, sino un intento de imitar los patrones lingüísticos humanos...
            El proceso fue largo, lleno de fallos. Hasta que, finalmente, pudieron empezar a comunicarse...

El concepto de “sexo” le resulta extraño... Prácticamente inmortales, la reproducción entre los suyos ocurre en raras ocasiones y ocurre por partogénesis individual.
            La idea fue de la criatura; ya que eso podía imitar los patrones de sonido que conformaban su lenguaje, intentarían una comunicación táctil, obviamente limitada por la incapacidad de la especie humana de variar las texturas de su exodermis.
            Empezaron probando con tacto en los apéndices prensiles y el rostro de la criatura, sin grandes resultados... Hasta que ella llevó uno de los apéndices de eso hasta el interior de su orificio bucal.
            Las sensaciones fueron distintas al tacto de la exodermis, aunque eso no podo descifrarlas, lo cierto es que eran más familiares que los patrones de sonido... Así que la criatura sugirió probar otros “caminos”, que le permitieran a eso llegar hasta otras texturas y glándulas...


Mario Stalin Rodríguez

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